Para que no te pierdas nada, escoge un día y sabrás qué hacen y dónde están los ruteros
Amanece el día temprano en el castillo de Trujillo, donde la Ruta Quetzal BBVA ha pasado la penúltima noche de la expedición 2011. El frio ha caracterizado el sueño, aunque Fernando Gil no ha sentido nada que se durmió “cuando llevaba un minuto en el saco”. Este joven burgalés ya empieza a pensar que es lo que va a hacer cuando llegue a casa. “Lo primero será dormir sin parar durante al menos tres días. He dormido tan poco durante la ruta que es la máxima necesidad que tengo.”. Todo ello lo cuenta mientras caminamos por la dehesa cacereña conociendo las aves que habitan en el enclave, en una marcha tranquila para despedir durante algún tiempo las Pánama Jack. “Lo segundo que haré, cuando esté totalmente recuperado será ponerme al día en cuanto a noticias. Aquí he perdido absolutamente la noción del tiempo, así que recorreré todas las webs de información y veré todos los telediarios.” Puntualiza sonriendo y señalando una cigüeña que descansa sobre el punto más alto de una de las torres de Trujillo.
En esta situación, la contradicción es lo que más se lleva entre los expedicionarios. Las ganas de volver a casa son enormes, lógico, dormir en tu cama con tu familia es un placer que no han podido disfrutar en el último mes y medio, pero saben que dejan atrás cosas que muy probablemente no volverán a vivir. La tensión de los días eternos, las amistades que son para siempre, todo lo que han aprendido “en el lugar de los hechos”. Quizá sea muy complicado volver a ver a gente que vive a miles de kilómetros de distancia, personas que son inolvidables por todo lo que han compartido entre sí. A pesar de esto, vence el cansancio y la nostalgia y lo que desean es el regreso al hogar. La suiza Lisa comparte riendo con una de sus compañeros de grupo sobre las diferencias de la vida natural y la vida rutera. “Creo que ahora no me voy a volver a acostumbrar a llevar la ropa ceñida, tendré que seguir usando esta ropa ancha tan cómoda” dice mientras su acompañante asiente y se divierte.
Diplomados en ruterismo
Con la comida en el estomago dejamos Trujillo con la promesa de volver tantas veces como podamos. El destino es el final de la ruta, Madrid, y la entrega de diplomas en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Una ceremonia que año tras año se tornan en mucho más emocionante. En el atril de personalidades la Vicerrectora de Estudiantes de la Complutense, Encina González, el director de la ruta, Miguel de la Quadra y el subdirector Andrés Ciudad.
Los discursos llevan una carga emocional intensísima pero es el de Jesús Luna el que más lágrimas y aplausos arranca. Sobre todo cuando se saca de la chistera esa frase eterna, que los chicos no olvidarán jamás y que recuerda a cada una de las mañanas en las que Jesús ha despertado a todos sus ruteros. “Este es el día que todos estabais esperando” decía multiplicando su voz con el megáfono incansable que siempre le acompaña. Hoy esa frase se tornará en un recuerdo inolvidable transformada en un “todos los días de vuestra vida serán el día que estabais esperando”. “Ahora ya sois quetzales y podéis volar libres para alcanzar todos los sueños que tengáis” finaliza Luna llenando el auditorio Ramón y Cajal de miradas llenas de vida.
Esta entrega sirve también de homenaje a esos que no son los protagonistas, pero que son fundamentales. Los monitores también reciben su diploma, después de pasar treinta y cuatro días siendo la sombra de estos chicos y de hacer un trabajo inconmensurable. También reciben su merecido reconocimiento los médicos de la ruta, siempre a la sombra para ayudar a cualquiera, y los de material, por el esfuerzo velado para que todo salga bien.
Fotos de una vida
Por la noche, en el campamento de Boadilla, cuando todo lo que se ve en cada esquina son abrazos, llantos y algo de felicidad, se presenta a los expedicionarios un montaje con una selección de las fotografías que Ángel Colina ha ido haciendo durante todo el viaje. Cada instantánea, mejor que la anterior, levanta entre los chavales admiración por un trabajo perfecto y nostalgia por verse retratados en todas esas situaciones que forman parte de su memoria pero que el cansancio no dejaba recordar. Al final una ovación merecidísima a un gran fotógrafo.
Más tarde lo diarios vuelan de mano en mano buscando contactos en forma de cuentas de correo electrónico y perfiles de facebook. La fiesta la ameniza la música del momento y los ruteros lo dan todo sabiendo que es el final y merece la pena no dejar nada. Es la última noche del último día, pero no es el final de la ruta. Por la mañana, ya del día veinte, los primeros americanos se comienzan a ir a las seis, casi no ha amanecido y en el campamento ya comienzan las duras despedidas. Momentos realmente tristes que emocionan a cualquiera. A las doce de la mañana ya sólo unos pocos se agarran a sus sacos, esperando la partida, como si no se quisieran ir. El espíritu rutero permanecerá para siempre en las almas de los 224 expedicionarios de 2011, como sigue permaneciendo en todos los que han vivido anteriormente esta experiencia. En realidad es ahora cuando comienza la aventura de verdad… la vida. Muchas gracias a toda Ruta Quetzal BBVA 2011.